Archive for the CITAS Category

Jean-Luc Godard frente al telespectador

Posted in CINE, CITAS, CULTURA, ENTREVISTAS, General with tags , , , on septiembre 28, 2011 by EFP

“Si un espectador me dice: ‘el film que vi es malo’, le digo:

‘ es culpa tuya, porque ¿Qué hiciste para que el diálogo

fuera bueno’ “.  

Ezra Pound y los escritores

Posted in CITAS, CULTURA, LITERATURA, POESÍA with tags , , , on julio 28, 2011 by EFP

“Los buenos escritores son aquellos que conservan la eficiencia del lenguaje. Es decir, lo mantienen preciso, lo mantienen claro”.

Cadáver exquisito I (Virilio/ Poe/ Lezama Lima)

Posted in CITAS, CULTURA, FILOSOFÍA, General, POESÍA with tags , , , , , , on julio 19, 2011 by EFP

En un día verano, ecos de Paul Virilio, Edgar Allan Poe y José Lezama Lima:

Las experiencias sobre la comunicación del recién nacido son especialmente demostrativas. Pequeño mamífero obligado, contrariamente a los demás, a una casi inmovilidad prolongada
Guarda silencio en esa soledad
que no es aislamiento, pues entonces
espíritus de muertos que estuvieron
en vida antes que tú, vuelven a estar
en muerte en torno a ti, y su voluntad
te va a eclipsar; tú quédate tranquilo
Muele el oro, tasa el vidrio
Vidrio, ojo de la destreza
Cortan los dedos el fuego
cantando en la torre muerta.

Ars Amandi: Ovidio Dixit

Posted in CITAS, HISTORIA, POESÍA with tags , , , , on junio 28, 2011 by EFP

Del libro primero del Arte de amar:

Pues te hallas libre de todo lazo, aprovecha la ocasión y escoge a la que digas: «Tú sola me places.» No esperes que el cielo te la envíe en las alas del Céfiro; esa dicha has de buscarla por tus propios ojos. El cazador sabe muy bien en qué sitio ha de tender las redes a los ciervos y en qué valle se es- conde el jabalí feroz. El que acosa a los pájaros, co- noce los árboles en que ponen los nidos, y el pescador de caña, las aguas abundantes en peces. Así, tú, que corres tras una mujer que te profese cariño perdurable, dedícate a frecuentar los lugares en que se reunen las bellas. No pretendo que en su persecución des las velas al viento o recorras lejanas tierras hasta encontrarla; deja que Perseo nos traiga su Andrómeda de la India, tostada por el sol, y el pastor de Frigia robe a Grecia su Helena;pues Roma te proporcionará lindas mujeres tanto en número que te obligue a exclamar: ¡”aquí están todas las hermosuras de todo el orbe”!

Friedrich Nietzsche dijo

Posted in CITAS, CULTURA, FILOSOFÍA, General, MODERNIDAD with tags , , , , on junio 18, 2011 by EFP

“Si, la Vida es mujer”

“Ser independiente es cosa de una pequeña minoría, es el privilegio de los fuertes”.

“El remordimiento es como la mordedura de un perro en una piedra: una tontería”.

“El gran estilo nace cuando lo bello obtiene la victoria sobre lo enorme”.

Encuentro con Enrique Lihn, de Roberto Bolaño

Posted in CITAS, CUENTOS, General, LITERATURA with tags , , , , , , , on mayo 29, 2011 by EFP

ENCUENTRO CON ENRIQUE LIHN (Fragmentos)

En 1999, después de volver de Venezuela, soñé que me llevaban a la casa en donde estaba viviendo Enrique Lihn, en un país que pudiera ser Chile y en una ciudad que bien pudiera ser Santiago, si consideramos que Chile y Santiago alguna vez se parecieron al infierno y que ese parecido, en algún sustrato de la ciudad real y de la ciudad imaginaria, permanecerá siempre. Por supuesto yo sabía que Enrique Lihn estaba muerto pero cuando me invitaron a conocerlo no opuse ningún reparo. Tal vez pensé en una broma de la gente que iba conmigo, todos chilenos, tal vez en la posibilidad de un milagro. Lo más probable es que no pensara en nada o que malentendiera la invitación. Lo cierto es que llegamos a un edificio de siete pisos, la fachada pintada con un amarillo desvaído, y en la primera planta un bar, un bar de dimensiones no desdeñables, con una larga barra y con algunos reservados, y mis amigos (aunque me resulta extraño llamarlos así, digamos mejor: los entusiastas que me habían invitado a conocer al poeta) me conducían a un reservado, y allí estaba Lihn.

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… estoy hablando del año 1981 o 1982, cuando vivía encerrado en una casa de Gerona casi sin nada de dinero ni perspectivas de tenerlo, y la literatura era un vasto campo minado en donde todos eran mis enemigos, salvo algunos clásicos (y no todos), y yo cada día tenía que pasear por ese campo minado, apoyándome únicamente en los poemas de Arquíloco, y dar un paso en falso hubiera sido fatal. Esto les pasa a todos los escritores jóvenes. Hay un momento en que no tienes nada en que apoyarte, ni amigos, ni mucho menos maestros, ni hay nadie que te tienda la mano, las publicaciones, los premios, las becas son para los otros, los que han dicho «sí, señor», repetidas veces, o los que han alabado a los mandarines de la literatura, una horda inacabable cuya única virtud es su sentido policial de la vida, a ésos nada se les escapa, nada perdonan. En fin, como decía, no hay escritor joven que no se haya sentido así en algún momento de su vida. Pero yo por entonces tenía veintiocho años y bajo ninguna circunstancia me podía considerar un escritor joven. Estaba en la inopia. No era el típico escritor latinoamericano que vivía en Europa gracias al mecenazgo (y al patronazgo) de un Estado. Nadie me conocía y yo no estaba dispuesto ni a dar ni a pedir cuartel. Entonces comencé a cartearme con Enrique Lihn.

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 … y allí estaba Lihn, nadando, y entonces, antes de que yo abriera la boca y dijera algo sobre la entropía, Lihn decía que lo malo de su medicina, de la medicina que tomaba para seguir vivo, era que de alguna manera ésta lo convertía en conejillo de Indias de la empresa farmacéutica, palabras que en cierta forma yo esperaba oír, como si todo fuera una obra de teatro y repentinamente hubiera recordado mis parlamentos y los parlamentos de aquellos a quienes debía dar la réplica, y luego Lihn salía de la piscina y bajábamos al primer piso, y nos abríamos paso por entre la gente del bar, y Lihn decía se acabaron los tigres, y: fue bonito mientras duró, y: aunque no te lo creas, Bolaño, presta atención, en este barrio sólo los muertos salen a pasear Y ya para entonces los dos habíamos atravesado el bar y estábamos asomados a una ventana, mirando las calles y las fachadas de ese barrio tan peculiar en donde sólo paseaban los muertos. Y mirábamos y mirábamos y las fachadas eran sin lugar a dudas las fachadas de otro tiempo, y también las aceras en donde había coches estacionados que pertenecían a otro tiempo, un tiempo silencioso y sin embargo móvil (Lihn lo veía moverse), un tiempo atroz que pervivía sin ninguna razón, sólo por inercia.

UN POEMA DE ENRIQUE LIHN

Ciudades
              

          Ciudades son imágenes.
Basta con un cuaderno de escolar para hacer
la absurda vida de la poesía
en su primera infancia:
extrañeza elevada al cubo de Durero,
y un dolor que no alcanza a ser él mismo,
melancólicamente.

           Dos ratas blancas giran en un círculo
a la velocidad de la neurosis;
después de darme vueltas sesenta días justos
en el gran mundo como en la jaula,
me concentro en un solo pensamiento:
ratas que giran.

            Blanca, velluda, diminuta esfera
partida en dos mitades que brincan por juntarse,
pero donde el tajo, la perpleja lisura
y el dolor, ahora están esas patitas,
y en medio de ellas sexos divisorios,
sexos compensatorios.
Nos salen cosas donde fuimos seres
aparte enteramente, enteramente aparte.
Cinco minutos de odio, total….cinco minutos.

            Ciudades son lo mismo que perderse en la calle
de siempre, en esa parte del mundo, nunca en otra.

            ¿Qué es lo que no podría dar lo mismo
si se le devolviera al todo, en dos palabras,
el ser mezquinamente igual de lo distinto?
Sol del último día; ¡qué gran punto final
para la poesía y su trabajo!

           En el gran mundo como en una jaula
afino un instrumento peligroso.

La voluntad de destrucción de sí mismo (Sade según Bataille)

Posted in CITAS, CRÍTICA, LITERATURA, NOVELA with tags , , , , on mayo 22, 2011 by EFP

Georges Bataille, versátil entre los polifacéticos, reunió una serie de ensayos bajo el sugestivo título La Literatura y el Mal. Con muchos “spoilers” de las obras y las claves estéticas que las edificaron, aparecen Baudelaire, Blake, Kafka, Proust, Genet, Sade, etc. Publicado originalmente en 1957, el prefacio puede leerse como un balde de agua caliente en el rostro del lector.La literatura no es inocente y en palabras de Bataille: ” y, como culpable, tenía que acabar por confesarlo”. Detrás de estas reflexiones, hay una insistencia sobre el carácter rebelde de la literatura a través de estos autores, las conexiones directas e indirectas con el contexto histórico donde se ejecutan y como las obras plantean una incertidumbre acerca de lo que entendemos por el bien y el mal.  Respecto a Sade, Bataille señala que los homenajes clamorosos hacia su figura entorpecieron los análisis más complejos del entramado estético de sus obras. Bataille dedica poquísima atención al anécdotario de la leyenda de Sade; le interesa la extraña relación de su vida y obra con los acontecimientos históricos, cuyo epicentro lo encontramos en la toma de la Bastilla. El manuscrito de Justine se encontraba en la célebre prisión aquel 14 de julio de 1789 y el manuscrito de los 120 días de Sodoma y Gomorra se pierde  en el asalto. El provocador Marqués arenga a la multitud para acabar con 10 años de encierro  y manifiesta por primer vez un comportamiento “revolucionario”, al menos en coordenadas políticas, ya que la “subversión  Sádica” se descencadena en sus afiebrados textos . Sade muere sin saber que su manuscrito perdido se recuperará años después. En una carta encontrada en su amplia correspondencia, el Marqués  hace notar su  pesar: “¡mis manuscritos, por cuya perdida vierto lágrimas de sangre!”.  Monumento imperecedero del pasado, el libro recuperado será fundamental para los surrealistas y las afiliciones más vanguardísticas posteriores. Hay una atracción muy fuerte hacia el mal y Bataille lo percibe en todos lo autores que examina. A esta atracción, que es implacable, conviene interponer el sentido que la literatura tiene. Bataille señala al respecto: ” La literatura es lo esencial o no es nada. El mal -una forma aguda del mal – que la literatura expresa, posee para nosotros, por lo menos yo así lo pienso, un valor soberano. Pero esta concepción no supone una ausencia de moral, sino que en realidad exige una ‘hipermoral’ “. 

LA VOLUNTAD DE DESTRUCCIÓN DE SÍ MISMO*

Vemos que un autor y un libro no son forzosamente los felices resultados de un tiempo de calma. Todo va unido, en el caso de presente, a la violencia de una revolución. Y la figura del marqués de Sade, solo de un modo lejano pertenece a la historia de las letras. Pero a nadie le está permitido querer y esperar con claridad lo que Sade oscuramente exigió y llegó a  obtener. La esencia de sus obras es destruir: no sólo los objetos, las víctimas que entran en escena (que solo están para responder a la rabia de negar), sino también al autor y su obra misma.  Puede ser que en definitiva la fatalidad, al querer Sade que escribiera y fuese despojado de su obra, tenga la misma verdad que su obra: que transmite la mala nueva de un entendimiento de los vivos con los que les mata, del bien con el mal, y cabría añadir, del grito más fuerte con el silencio. No podemos saber a qué móvil obedecía un hombre tan cambiante como él en el momento de dar en un testamento las instrucciones referentes a su tumba, que deseaba que se hiciera en su tierra, en un lugar apartado. Pero estas frases sin apelación, fueron cual fuera esa azarosa razón, dominan y terminan su vida:

“la fosa, una vez recubierta, será sembrada para que después, al encontrarse el terreno de la citada fosa guarnecido de nuevo y el bosque cubierto como lo estaba antes, las huellas de mi tumba desaparezcan de encima de la superficie de la tierra como me satisface que mi memoria desaparezca de la memoria de los hombres”.

La distancia entre las “lágrimas de sangre”, vertidas por Las ciento veinte jornadas, y esa exigencia de nada, es la misma que media entre la flecha y su diana. Más adelante demostraré que el sentido de esta obra infinitavemente profunda está en el deseo que el autor tuvo de desaparecer (de resolverse sin dejar huella humana) : porque ninguna otra cosa estaba hecha  a su medida.

* Bataille, G. (2010). Sade: La voluntad de destrucción de sí mismo, en La literatura y el Mal (102-103), Barcelona: Nortesur.