Archivo para Escritor

Encuentro con Enrique Lihn, de Roberto Bolaño

Posted in CITAS, CUENTOS, General, LITERATURA with tags , , , , , , , on mayo 29, 2011 by EFP

ENCUENTRO CON ENRIQUE LIHN (Fragmentos)

En 1999, después de volver de Venezuela, soñé que me llevaban a la casa en donde estaba viviendo Enrique Lihn, en un país que pudiera ser Chile y en una ciudad que bien pudiera ser Santiago, si consideramos que Chile y Santiago alguna vez se parecieron al infierno y que ese parecido, en algún sustrato de la ciudad real y de la ciudad imaginaria, permanecerá siempre. Por supuesto yo sabía que Enrique Lihn estaba muerto pero cuando me invitaron a conocerlo no opuse ningún reparo. Tal vez pensé en una broma de la gente que iba conmigo, todos chilenos, tal vez en la posibilidad de un milagro. Lo más probable es que no pensara en nada o que malentendiera la invitación. Lo cierto es que llegamos a un edificio de siete pisos, la fachada pintada con un amarillo desvaído, y en la primera planta un bar, un bar de dimensiones no desdeñables, con una larga barra y con algunos reservados, y mis amigos (aunque me resulta extraño llamarlos así, digamos mejor: los entusiastas que me habían invitado a conocer al poeta) me conducían a un reservado, y allí estaba Lihn.

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… estoy hablando del año 1981 o 1982, cuando vivía encerrado en una casa de Gerona casi sin nada de dinero ni perspectivas de tenerlo, y la literatura era un vasto campo minado en donde todos eran mis enemigos, salvo algunos clásicos (y no todos), y yo cada día tenía que pasear por ese campo minado, apoyándome únicamente en los poemas de Arquíloco, y dar un paso en falso hubiera sido fatal. Esto les pasa a todos los escritores jóvenes. Hay un momento en que no tienes nada en que apoyarte, ni amigos, ni mucho menos maestros, ni hay nadie que te tienda la mano, las publicaciones, los premios, las becas son para los otros, los que han dicho «sí, señor», repetidas veces, o los que han alabado a los mandarines de la literatura, una horda inacabable cuya única virtud es su sentido policial de la vida, a ésos nada se les escapa, nada perdonan. En fin, como decía, no hay escritor joven que no se haya sentido así en algún momento de su vida. Pero yo por entonces tenía veintiocho años y bajo ninguna circunstancia me podía considerar un escritor joven. Estaba en la inopia. No era el típico escritor latinoamericano que vivía en Europa gracias al mecenazgo (y al patronazgo) de un Estado. Nadie me conocía y yo no estaba dispuesto ni a dar ni a pedir cuartel. Entonces comencé a cartearme con Enrique Lihn.

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 … y allí estaba Lihn, nadando, y entonces, antes de que yo abriera la boca y dijera algo sobre la entropía, Lihn decía que lo malo de su medicina, de la medicina que tomaba para seguir vivo, era que de alguna manera ésta lo convertía en conejillo de Indias de la empresa farmacéutica, palabras que en cierta forma yo esperaba oír, como si todo fuera una obra de teatro y repentinamente hubiera recordado mis parlamentos y los parlamentos de aquellos a quienes debía dar la réplica, y luego Lihn salía de la piscina y bajábamos al primer piso, y nos abríamos paso por entre la gente del bar, y Lihn decía se acabaron los tigres, y: fue bonito mientras duró, y: aunque no te lo creas, Bolaño, presta atención, en este barrio sólo los muertos salen a pasear Y ya para entonces los dos habíamos atravesado el bar y estábamos asomados a una ventana, mirando las calles y las fachadas de ese barrio tan peculiar en donde sólo paseaban los muertos. Y mirábamos y mirábamos y las fachadas eran sin lugar a dudas las fachadas de otro tiempo, y también las aceras en donde había coches estacionados que pertenecían a otro tiempo, un tiempo silencioso y sin embargo móvil (Lihn lo veía moverse), un tiempo atroz que pervivía sin ninguna razón, sólo por inercia.

UN POEMA DE ENRIQUE LIHN

Ciudades
              

          Ciudades son imágenes.
Basta con un cuaderno de escolar para hacer
la absurda vida de la poesía
en su primera infancia:
extrañeza elevada al cubo de Durero,
y un dolor que no alcanza a ser él mismo,
melancólicamente.

           Dos ratas blancas giran en un círculo
a la velocidad de la neurosis;
después de darme vueltas sesenta días justos
en el gran mundo como en la jaula,
me concentro en un solo pensamiento:
ratas que giran.

            Blanca, velluda, diminuta esfera
partida en dos mitades que brincan por juntarse,
pero donde el tajo, la perpleja lisura
y el dolor, ahora están esas patitas,
y en medio de ellas sexos divisorios,
sexos compensatorios.
Nos salen cosas donde fuimos seres
aparte enteramente, enteramente aparte.
Cinco minutos de odio, total….cinco minutos.

            Ciudades son lo mismo que perderse en la calle
de siempre, en esa parte del mundo, nunca en otra.

            ¿Qué es lo que no podría dar lo mismo
si se le devolviera al todo, en dos palabras,
el ser mezquinamente igual de lo distinto?
Sol del último día; ¡qué gran punto final
para la poesía y su trabajo!

           En el gran mundo como en una jaula
afino un instrumento peligroso.

Edgar Allan Poe y el principio poético

Posted in CITAS, CRÍTICA, General, LITERATURA, POESÍA with tags , , , , , , , on marzo 19, 2011 by EFP

“Las técnicas de Poe, a menudo juzgadas como un esteticismo gratuito, tienen como objetivo ejercer una terapia hipnótica sobre el entendimiento; están destinadas a suspender temporalmente los datos de la conciencia racional para favorecer el retorno del hombre a su identidad originaria”.

Antoní Marí.

EL PRINCIPIO POÉTICO *
(Fragmento)

Al hablar del principio poético, no me anima el propósito de ser minucioso ni profundo. Sin dejar de tratar, de manera muy aleatoria, la esencia de lo que llamamos poesía, mi objetivo principal será citar, para su consideración, algunos de aquellos poemas ingleses y norteamericanos menores que más se ajustan a mi propio gusto o que, conforme a mi capricho, han dejado una impresión más duradera. Por “poemas menores” entiendo, pos supuesto, poemas de poca extensión. Y aquí, al comienzo, permítanme decir algunas palabras sobre un principio un tanto peculiar que, justa o injustamente han influido siempre en la valoración crítica que hago de un poema. Afirmo que un poema extenso no existe. Sostengo que la expresión poema extenso es, sencillamente, un contrasentido.

Apenas si necesito observar que un poema solo es digno de su nombre en tanto excita el alma, elevándola. El valor de un poema está en consonancia con este grado de excitación y elevación. Pero todas las excitaciones son, por pura necesidad física, pasajeras. Este grado de excitación que hace a un poema digno de su nombre no puede mantenerse a lo largo de una composición extensa. Después de media hora, a lo sumo, decae, fracasa, surge una sensación de repugnancia y entonces el poema, en efecto y a todos los efectos, deja de serlo.

Traducción: Jordi Doce.

* Poe, Baudelaire, Mallarmé, Valéry, Eliot and Antoní MARÍ, Miguel CASADO and Jordi DOCE. 2011.  Matemática Tiniebla: Genealogía de la poesía moderna. 1̇ edn. Anon. Barcelona. Galaxia Gutenberg Círculo de Lectores. P. 25.

León Tolstoi dice que…

Posted in CITAS, CRÍTICA, General, NOVELA with tags , , on enero 22, 2011 by EFP

“En un escritor tiene que haber siempre dos personas: el escritor y el crítico. Y, si se trabaja por la noche, con un cigarrillo en la boca, aunque la obra de creación surja con viveza, el crítico está en suspenso. Y esto es muy peligroso…”