Archivos para febrero, 2011

Proust y la neurociencia, de Jonah Lehrer

Posted in CITAS, CRÍTICA, LITERATURA, MODERNIDAD, NOVELA, PERIODISMO, RESEÑAS with tags , , , on febrero 11, 2011 by EFP

Una reseña de este ensayo divulgativo, el primer libro de Jonah Lehrer, publicada en La Tormenta en un vaso:

“Vivimos tiempos de transiciones, de transformaciones constantes y en donde adaptarse va más allá de satisfacer un apetito intelectual. Los avances científicos y las nuevas tecnologías organizan la arquitectura del mundo primero en la práctica y después en la teoría. De la misma forma que la obra de ciertos poetas necesita más tiempo para que penetre en nuestra conciencia, esta teoría que se escribe después requiere atención pausada. Proust y la neurociencia, de Jonah Lehrer logra hacer una radiografía de esos cambios, a través de las influencias del arte en la investigación científica, con 8 artistas clave en la modernidad”.

para continuar leyendo: Reseña de Proust y la neurociencia

Sobre la Cibercultura

Posted in CULTURA, General, LITERATURA, MODERNIDAD, PERIODISMO, SOCIOLOGÍA with tags , , , , on febrero 3, 2011 by EFP

 

 

¿Qué es la cibercultura?[1]

En tanto término y concepto que designan este entorno comunicativo, fuertemente tecnologizado y de niveles de mediación sin precedentes, la cibercultura es el fruto de la confluencia de la aplicación cotidiana de los microprocesadores electrónicos a multitud de actividades humanas y de la apertura e internacionalización de espacios virtuales de trabajo, ocio, educación, comercio, creación artística, información, de comunicación en suma. Dicho entorno acaba cristalizando en un territorio anejo al espacio social físico con el que guarda una intrincada red de relaciones y cuyo funcionamiento demanda un estudio necesariamente interdisciplinar. Desde una perspectiva historiográfica y geopolítica, la cibercultura se vincula a la fase postindustrial avanzada de los modos de producción capitalista en las sociedades más desarrolladas. Aunque las desigualdades con las zonas del globo más empobrecidas lejos de limarse, parecen, aumentar —la brecha o divisoria digital de la que habla Castells (1999)—[8], éstas se ven también sometidas a las dinámicas y modos de producción y consumo derivados de la conjunción entre informática, cibernética, telecomunicaciones, retórica audiovisual y verbal y las nuevas formas de colonialismo cultural y militar. Este ciberespacio, cuya primera formulación se debe, no por casualidad, a un escritor (William Gibson, 1984), es un lugar no-lugar, un ámbito de relaciones sociales en el que, tras la digitalización electrónica de todas las formas simbólicas en un sistema de código único, el potencial de velocidad en la comunicación y transferencia de datos ha desplazado la percepción del espacio y la distancia hacia un espacio hecho fundamentalmente de tiempo.

La cibercultura lleva aparejados una serie de discursos más o menos utópicos al lado de otros más o menos radicales en su crítica (tecnofilia vs. tecnofobia) que manifiestan, no obstante, un fetichismo parecido. Los primeros, por las nuevas tecnologías o tecnologías digitales, supuestamente llamadas a cumplir hasta niveles insospechados la definición de McLuhan de los medios como extensiones de los sentidos humanos y potenciación superadora de los medios inmediatamente anteriores (McLuhan 1964) [9]; los segundos, por las tecnologías tradicionales, como el libro, reserva de la auténtica civilización heredera de los valores ilustrados. La cibercultura no se restringe, por lo demás, a los mundos virtuales del ciberespacio. Tiene que ver también con los presagios de una cultura ciborguesca, donde la progresiva hibridación de humanos y máquinas abarca desde nuestra interacción con los interfaces informáticos hasta la penetración de dispositivos tecnológicos y electrónicos en nuestro cuerpo, pasando por las transformaciones plásticas del mismo. En relación a esto último proliferan los discursos tecnoelitistas que profetizan la liberación de la carne, con el mito del vaciado de una mente en un ordenador como límite de esta utopía del perfeccionamiento de la especie [10].

En la cibercultura asistimos también a un cambio en nuestra percepción de la realidad a partir de los nuevos modos de comunicación. El imperio de la velocidad en la información y la comunicación no es fruto sólo de las tecnologías digitales, ya que existen factores de aceleración, políticos y sobre todo económicos, centrales al proceso de globalización. Experimentamos también cambios en nuestro entendimiento de la colectividad y de la identidad personal, de nuestro propio cuerpo, así como en nuestra percepción del tiempo y sobre todo del espacio. La creciente maleabilidad de las fronteras entre lo real y lo ficticio, siguiendo los planteamientos de Baudrillard, la progresiva disolución de lo real o de las referencias en imágenes y la asimilación del principio de catástrofe (con la amenaza terrorista a la cabeza) como un medio ambiente casi naturalizado, son otras de las características de la cibercultura. Por último, el principio de interacción con las máquinas que implica el prefijo ciber- puede considerarse su rasgo más distintivo. En cualquier caso —nos recuerda en este volumen Marie-Laure Ryan— “si vivimos una condición virtual, como ha sugerido Katherine Hayles, no es porque nos veamos condenados a la falsificación o al simulacro, sino porque hemos aprendido a vivir, trabajar y jugar con lo fluido, lo abierto, lo potencial” (pág. 101)


[1] 1. AARSETH, Espen J. and Domingo SÁNCHEZ-MESA MARTÍNEZ. 2004. Literatura y Cibercultura. Anon. Madrid: Arco Libros. ISBN 84-7635-571-8.

7 poemas de Vicente Núñez

Posted in CITAS, CRÍTICA, General, LITERATURA, POESÍA with tags , , , , on febrero 1, 2011 by EFP

“Escribió Vicente Núñez que ‘El mundo no es nunca punto final; es siempre puntos suspensivos’. Y el acercamiento a su obra lo confirma: se diría que apenas estamos empezando a leerla. La lectura de todo gran poeta necesita tiempo, la lenta posibilidad de penetración que favorece el tiempo, el demorado descubrimiento de lo que ya veíamos sin habernos hecho concientes. Y, por otra parte, esta clase de lectura, la que se adentra en un espacio nuevo, sólo puede ser colectiva, crecer como suma de lecturas, suma de tiempos personales, miradas que debaten y se completan, a través de sus coincidencias y aun de sus distancias”.[1]

Miguel Casado.

ANTINOMIA

¡Si a víctima me alzaras

en la cruz de tus brazos…!

pero yerras y aún vivo

y execro esa victoria.

CÁNTICO

El que pasa ignorado por los arcos del mundo.

El que extiende en el suelo su clámide de oro.

El que aspira en el bosque rumor de la lluvia

y olvida su cuidado debajo de los sauces.

El que besa tus brazos y tiembla y se transforma

a pesar del embate de todo y de sí mismo.

El que a tu sombra gime como trémula gema.

El que pasa, el que extiende, el que aspira y olvida.

El que besa, el que tiembla y se transforma. El que gime.

MINIMUN ELIGENDUM

¿A tan túpida tapia y agria rosa,

a tanta altura;

a tu veneno obsceno, a tu dulzura;

a tanta fosa

y desventura

me invitas a escalar? Qué corta cosa,

y casi impura.

¡A tods tu hermosura, a la estatura

de la muerte, esposa

de tus cosas,

tus fosas y tus rosas.

XXVI

Huyendo de Sodoma,

en un tren detestable,

le susurré a Descartes – que venía conmigo –

que el mejor de los métodos

era el uso obsesivo de la andróminia.

XXX

A gusto de ninguno

resultó el testamento

La codicia se olvida

de lo que llaman última

voluntad del difunto.

Al salir del notario,

disteis cabal medida

de lo que siempre fuisteis:

testigos de un granuja.

VIAJE AL RETORNO

                                   Et j’ai vu quelquefois ce que l’homme a cru voir

                                                                                      Arthur Rimbaud

Yo era un maya cuando partí de Palos.

El mar. Oh gran presagio

en la noche tendida entre los barriles

y las lonas de los abastecedores del puerto.

Mi ajorca de metal poseía ya un nombre,

oh América de seda.

Aún recuerdo el olor de las ropas embreadas,

el poderoso arranque de las cabrias

cantando en la hermosura

de los músculos todavía no míos.

Y desobedecí entonces las advertencias

de mi cobardía y entonces desnudo

el himno de los cóndores

de mi corazón, que se alzaron de júbilo.

Toda mi miserable sabiduría de códices,

de estameñas y claustros,

se desplomó en añicos ante las rojas vidrieras

de Camagüey y Acapulco,

en los rudos collares de la gran ceremonia.

¿Qué fulgor delirante construía mi sangre?

¿Quién me corona y recibe de tal forma

que recobro mi doncellez?

Oh Ruben, y Amado, y Pablo;

Cómo recuerdo vuestro abrazo de pedernal y colibríes,

el café tan amargo en los tugurios

de nueva York y de Río,

el vino de la concordia en el México ácido

de Emilio y de Cernuda,

que nos sabía a Berceo

en el cáliz doliente de Vallejo y de Bécquer.

¿Y Federico y Gabriela con bufandas de anémona;

y Juan Ramón y Borges,

semejantes a inmensas obsidianas de Whitman?

Porque no había más tierra para nosotros que América,

ya no tuve otro límite

que el de mi corazón encadenado

en la bodega de su cumplimiento.

Eran los pájaros. Te conocí en la playa

como un Rey adolescente de oro cincelado,

yo que creía que el mundo no era mío.

oh luz anterior a la luz vista.

Ciego no está quien al besar la tierra

recobra la mirada,

quien su lepra sumerge como un dios en las aguas

ocultas y sagradas de los cocos;

quien, tras largos destierros,

encuentra el paraíso perdido y la aventura.

Ciego no fui porque fui visto.

Tu joven madre nos ofreció viandas

y adornos. Y respiré la brisa de Sevilla.

Me preguntabas por mis hermanas,

por las tiendas de Córdoba,

por Granada e Ipagro.

Y te expliqué en idioma de rosas y lebreles

nuestras antiguas tardes por los campos de Soria;

el viejo nombre de los árboles mágicos,

del caranday y de la ipecacuana,

y el hechizo secreto de las reales savias

que abrasan como hogueras ancestrales y súbitas.

Tu has descubierto mi cuerpo

que vivía sin alma.

¿Qué hacía yo entre los traductores de Toledo

si las fiestas de Cuzco me aguardaban

entre relojes y candelabros?

La memoria es mi estandarte,

y ella me condujo hasta el templo

de la posesión. Noches medievales

de invierno, casa lóbrega,

silla y arado: América.

No habléis alto, que despierta

el grumete de mis tribulaciones

en la desesperanza de su ensueño.

Porque en la sabiduría de las estrellas

estaba el único camino. Y desde su campamento

oí la voz inextinguible de los míos.

MI AMIGA

Ríndete ya, puesto que toda

tu tardanza te ha convertido

en un ser disperso. Apura

hasta el último sorbo

los opacos e hirientes

cristales de la tarde

sé correcto con ella,

pues la esperaste sin desmayo.

Es la muerte, tu amiga

vestida de violetas.


[1] NÚÑEZ, Vicente and Miguel CASADO. 2008. Poesía y Sofismas. Anon. Madrid: Visor.